Personajes ilustres

Joaquim Sunyer y la pintura mediterránea

Joaquim Sunyer (Sitges, 1874) fue el gran pintor del noucentisme. Su paso por París, Mediterrània, Pastoral, Cala Forn y su relación con Sitges.

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Retrato escultórico del pintor Joaquim Sunyer, obra de Manolo Hugué, en el MNAC
Joaquim Sunyer retratado por el escultor Manolo Hugué (MNAC) Foto: Desconocido · Dominio público · Wikimedia Commons

Hay una manera de mirar el Mediterráneo, luminosa, serena y casi intemporal, que la pintura catalana debe en buena parte a Joaquim Sunyer. Nacido en Sitges en 1874, llegó a ser el pintor de referencia del noucentisme, y los paisajes y la gente de su villa natal fueron uno de los cimientos de esa mirada.

De Sitges a París

Joaquim Sunyer i de Miró nació en Sitges en 1874 y era sobrino del pintor Joaquim de Miró. Hacia los quince años se trasladó con su familia a Barcelona, donde estudió en la Escola de la Llotja; en el curso 1894-1895 coincidió allí con Joaquim Mir, Isidre Nonell, Joaquín Torres-García y Xavier Gosé. Su pintura de aquellos años se acercaba a la de la llamada Colla del Safrà, aunque no consta que formara parte del grupo.

En 1896 se instaló en París. Durante más de una década vivió sobre todo de la ilustración de libros y revistas, pintó escenas callejeras e interiores íntimos y trató a artistas como Picasso y Manolo Hugué. Expuso en París y en Lieja, y en 1909 entró en contacto con él Eugeni d’Ors, el gran teorizador del noucentisme, que pronto vería en su obra un modelo.

El giro mediterráneo

Una estancia en Sitges en 1908 marcó un cambio de rumbo. Sunyer dejó atrás el ambiente parisino y empezó a construir una pintura más ordenada y meditada, en la que se percibe la lección de Cézanne y de Gauguin aplicada al paisaje y a la figura humana del litoral catalán. Entre 1908 y 1911 pintó tres obras que le dieron el reconocimiento: Maternitat, Mediterrània y Pastoral.

Mediterrània (1910-1911), hoy en la colección Carmen Thyssen, presenta figuras desnudas en un paisaje costero idealizado y se considera una de las obras fundacionales del noucentisme pictórico: el paisaje de su tierra convertido en imagen de un Mediterráneo clásico. Pastoral (1911) mereció un elogio de Joan Maragall en la revista Museum, que la presentó como una obra de carácter genuinamente catalán.

1911: el pintor del noucentisme

La exposición que Sunyer presentó en 1911 en las galerías del Faianç Català de Barcelona, con unas sesenta obras, fue un éxito y lo situó rápidamente como figura principal de la pintura catalana del momento. El noucentisme, el movimiento que defendía el orden, la claridad y la tradición clásica mediterránea frente a la exuberancia modernista, encontró en él a su pintor de caballete más representativo, según la Enciclopèdia Catalana.

Después pasó temporadas en Ceret (1912) e Italia (1913), y durante la Primera Guerra Mundial se estableció en Barcelona. En 1917 pintó Cala Forn, un paisaje de la costa sitgetana que conserva el Museu Nacional d’Art de Catalunya y que se considera una síntesis de clasicismo, idealismo y humanización. En 2017, el centenario del cuadro se celebró con una instalación en la Sala Sert del Museu de Maricel, donde se expuso junto a Pastoral.

Sitges como taller

En 1919 Sunyer se instaló con su familia en Sitges. Desde los años veinte se dedicó más al retrato, las escenas domésticas y el desnudo, y el paisaje pasó a un segundo plano, aunque siguió pintando rincones menos conocidos del término, como el Clot dels Frares, la riera de Ribes o Miralpeix. Expuso en el Salon d’Automne de París (1920 y 1924), en Barcelona y en Madrid. Durante la Guerra Civil vivió en la Provenza, en Italia y en París, y en 1942 regresó a Barcelona, donde siguió exponiendo hasta los años cincuenta.

En sus últimos años recibió la Legión de Honor francesa (1949) y el gran premio de la Bienal de La Habana (1954). Murió en 1956.

Un legado en la mirada

Sitges ha sido escenario de varias generaciones de pintores, de Santiago Rusiñol y los modernistas a la serenidad noucentista de Sunyer. El poeta y crítico Gabriel Ferrater vio en su obra una expresión lograda de la felicidad, y esa calma luminosa es quizá su herencia más reconocible. Quien camina hoy junto al mar o por las playas de Sitges todavía puede reconocer la luz y la línea de costa que él convirtió en imagen del Mediterráneo.

Fuentes y lecturas

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