Historia de Sitges

El castillo de Sitges y sus antiguas murallas

Del castillo de los obispos de Barcelona a la Casa de la Vila: torres, portales y restos de las murallas medievales de Sitges, y el combate de 1797.

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Tramo de la muralla de Sitges junto al mar con un cañón antiguo en el Baluard
Muralla y cañón en el Baluard de Sitges Foto: Enrique Íñiguez Rodríguez · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

La Casa de la Vila de Sitges ocupa el punto más alto del casco antiguo, un pequeño promontorio de roca calcárea de unos 17 metros que se asoma al mar. Durante casi mil años ese lugar lo ocupó el castillo de la villa, y a su alrededor se levantaron las murallas que protegieron a los vecinos de guerras y corsarios. Quedan pocos restos, pero bastan para seguir su rastro.

Un castillo de los obispos de Barcelona

El nombre de Sitges aparece en documentos de finales del siglo X (las fuentes citan años distintos, entre 987 y 992). El castillo se menciona por primera vez en 1041, cuando el obispo Guislabert de Barcelona cedió en feudo a Mir Geribert el castillo de Ribes y, con él, el de Sitges: era un dominio episcopal. Desde el siglo XII una familia de castellanos adoptó el nombre del lugar.

A comienzos del siglo XIV la castellanía pasó a Bernat de Fonollar, que en 1321 obtuvo por concesión real la jurisdicción plena del término. En 1353, a la muerte de Blanca d’Asp, el castillo pasó a la Pia Almoina de la catedral de Barcelona, institución benéfica que fue señora de Sitges durante más de cuatro siglos. El señorío, muy discutido por los vecinos, no terminó hasta 1804, cuando la villa se incorporó a la Corona.

Del castillo románico a la Casa de la Vila

El edificio conservó su aspecto románico hasta el siglo XVI, cuando se reconstruyó en estilo gótico tardío (una piedra lleva la fecha de 1525). En 1649, durante la Guerra dels Segadors, las tropas castellanas lo asaltaron y dañaron, y fue rehecho hacia 1681-1682. En 1869-1870 el Estado cedió el solar al municipio y el viejo castillo dejó paso a la actual Casa de la Vila, obra neogótica de Salvador Vinyals inaugurada en 1889. Al derribarlo se mantuvieron partes de los muros: en la planta baja aún se reconocen arcadas góticas.

Una muralla con torres y portales

El promontorio está habitado de forma continuada desde el siglo IV a. C., y en el siglo X ya era un castrum: una torre, un pequeño anexo y una iglesia dentro de un recinto amurallado que se amplió entre los siglos XI y XIII. Según un estudio publicado por los Museus de Sitges, el recinto contaba con la Torre de les Hores, circular, junto al portal del arrabal; la torre de Sant Pere o d’en Amat, cerca del actual edificio Miramar; la torre Verdesca, sobre la que se levanta el Baluard, y la torre de la Vall. Dos portales daban salida a los caminos: el del Pont o dels Companys, a poniente, y el de la Davallada, hacia Barcelona. El trazado exacto sigue siendo en parte hipotético.

Bernat de Fonollar reforzó y amplió las defensas, cuyo mantenimiento era caro: en 1391 el rey autorizó al municipio a cobrar impuestos para repararlas. En 2015, una excavación en la calle Major sacó a la luz un tramo de muralla, la base de una torre y el portal occidental, que por primera vez en Sitges se conservaron en su lugar. El tramo visible al aire libre se describe en la ficha de la muralla medieval de Sitges.

El segundo recinto y la defensa de la costa

Fuera de los muros creció un primer arrabal, con las calles Nou, Tacó, Carreta, Major y de l’Aigua, que en el siglo XVII quedó protegido por un segundo recinto con seis portales. El peligro venía sobre todo del mar: según el inventario de patrimonio de la Diputació, en 1685 fondeó ante la villa una fragata para defenderla de los corsarios berberiscos, origen del nombre de la playa de la Fragata.

El episodio más recordado es de 1797. En plena guerra con Inglaterra, el castillo y la batería del Baluard sostuvieron un duelo de artillería con dos fragatas inglesas que querían apoderarse de los mercantes fondeados ante la villa, hasta que estas se retiraron. Una leyenda popular atribuye el disparo decisivo a una mujer llamada Tecla; no hay documentación que lo confirme.

Qué se puede ver hoy

Los restos más visibles están en la plaza del Baluard y La Punta, el único lienzo de muralla que sigue en pie: mampostería irregular con la base en talud y, al pie, los antiguos noráis donde se amarraban las barcas. En lo alto de la escalera, un cañón del siglo XVIII apunta al mar junto a unos plafones cerámicos que evocan aquellos hechos. La historia de la vecina iglesia se cuenta en otro artículo de esta sección, igual que el origen medieval de la villa.

Castillo y murallas desaparecieron cuando Sitges dejó de necesitarlos, pero su huella explica por qué el corazón de la villa sigue en lo alto de la roca, mirando al mar.

Fuentes y lecturas

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