Sitges y su tradición marinera
Flota mercante, rutas hasta América y el Báltico, corsarios, pescadores y la colección de Emerencià Roig: la historia de Sitges como villa marinera.
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Hoy asociamos el mar de Sitges con las playas y el paseo, pero durante siglos fue sobre todo un lugar de trabajo. De él vivían pescadores, marineros, patrones y comerciantes, y por él salían el vino del Penedès y la malvasía hacia otros puertos. Esa vocación marinera explica buena parte de la historia de la villa, de su prosperidad en el siglo XVIII a su relación con América.
Una villa mirando al Mediterráneo
En la Edad Media, según el resumen histórico del Ajuntament, Sitges era la única villa costera entre Barcelona y Tarragona, y sus vecinos combinaban la agricultura con la elaboración de vino y el comercio marítimo por el Mediterráneo. Sus vinos, blancos y tintos y sobre todo el moscatel y la malvasía, se vendían fuera desde muy pronto. La tradición atribuye la llegada de la malvasía a expedicionarios que volvieron de Grecia a comienzos del siglo XIV, pero se trata de una leyenda sin confirmación documental.
Del cabotaje a las rutas oceánicas
A partir del siglo XVI, a pesar de pestes, guerras y piratería, la economía sitgetana se orientó a exportar vino hacia el norte de Europa, y una flota mercante propia daba trabajo a buena parte de la población. Al cabotaje siguió el comercio de altura.
Los datos reunidos por el historiador Llopis i Bofill, recogidos por la Gran Enciclopèdia Catalana, muestran la dimensión que alcanzó: entre 1755 y 1799, 52 barcos de Sitges hicieron 13 viajes a Buenos Aires, 105 a las islas de Barlovento y 41 a Tierra Firme y el golfo de México. El mismo autor documenta 46 capitanes sitgetanos que navegaron por el Algarve, el Cantábrico y el norte de Europa, hasta San Petersburgo. Esa red marítima es el origen del comercio con América y de los «americanos» de Sitges.
Defenderse del mar
El mar también traía peligros. Las incursiones de corsarios norteafricanos dejaron huella en la toponimia —la Cala Morisca— y en las defensas de la villa. Según el inventario de patrimonio de la Diputació de Barcelona, en 1685 fondeó ante la villa una fragata destinada a defenderla de la piratería berberisca, tripulada por hombres del gremio de Sant Elm; de ella toma el nombre la playa de la Fragata. En la base del Baluard aún se ven los noráis de piedra del siglo XVI en los que se amarraban las barcas, y en 1797 los cañones del Baluard rechazaron a dos fragatas inglesas que querían apoderarse de los mercantes fondeados. Lo explicamos con más detalle en el artículo sobre el castillo y las murallas.
Pescadores, cofradías y procesiones
Junto a la marina mercante convivía la pesca, más modesta pero constante. La Germandat de Pescadors i Mariners celebraba el 16 de julio la fiesta de la Mare de Déu del Carme: tras la comida, familias y marineros bajaban a la playa, llena de barcas engalanadas, y la imagen de la Virgen encabezaba la procesión de las barcas. La costumbre perdura: hoy la Confraria de Pescadors de Sitges saca la imagen al mar en una procesión que sale del puerto de Aiguadolç hacia Terramar y hace una ofrenda floral frente al cementerio en memoria de los pescadores y marineros difuntos. Puedes consultar las fechas en la agenda y leer más en el artículo sobre las fiestas marineras.
La pesca, sin embargo, ha perdido peso. La Gran Enciclopèdia señala un fuerte retroceso en la década de 1990, aunque la cofradía sigue activa, y recuerda que el antiguo barrio de pescadores de las Cases Noves se urbanizó en los años cincuenta.
El final de la navegación y la memoria de Emerencià Roig
La flota sitgetana entró en declive en el siglo XIX. La llegada del ferrocarril en 1881 mejoró las comunicaciones, pero el tráfico transatlántico se concentró en el puerto de Barcelona; hacia 1900, la filoxera y la pérdida de las últimas colonias acabaron de reducir la navegación.
Buena parte de lo que sabemos de aquel mundo se debe a Emerencià Roig i Raventós (Sitges, 1881-1935), hijo del pintor Joan Roig i Soler. Farmacéutico de formación, dedicó sus últimos años a documentar la vida marinera catalana hablando con capitanes, pilotos y pescadores. Publicó La pesca a Catalunya (1926), La marina catalana del vuit-cents (1929) y Sitges dels nostres avis (1934). Tras su muerte, su hermano Josep donó al Ajuntament su colección, unos 350 objetos con más de sesenta maquetas de barcos, instrumentos de navegación, cartas náuticas y dibujos. Se abrió al público en 1936 en el Palau de Maricel, considerado el primer museo marítimo de Cataluña, y entre 1995 y 2010 se expuso en el Museu de Maricel.
Esa colección y los noráis del Baluard recuerdan a una Sitges que vivió del mar mucho antes de que el mar fuera un reclamo turístico.
Fuentes y lecturas
- Sitges — Gran Enciclopèdia Catalana
- Una mica d’història — Ajuntament de Sitges
- Norais del Baluard — Inventari del Patrimoni Cultural, Diputació de Barcelona
- Diada dels pescadors i mariners, Mare de Déu del Carme — Inventari del Patrimoni Cultural, Diputació de Barcelona
- Col·lecció de Marineria Emerencià Roig i Raventós — Museus de Sitges
- Emerencià Roig i Raventós — Revista Argo, Museu Marítim de Barcelona
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