Historia de Sitges

El comercio con América y el regreso de los «americanos»

Barcos, vino y emigración a Cuba y Puerto Rico: cómo los «americanos» de Sitges hicieron fortuna en ultramar y transformaron la villa a su regreso.

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Casa Bartomeu Carbonell o Casa del Rellotge, una de las casas de americanos de Sitges
Casa Bartomeu Carbonell (Casa del Rellotge) Foto: Josep Bracons from Barcelona, Catalonia · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons

Basta pasear por el centro de Sitges para cruzarse con casas de fachadas ornamentadas, galerías y jardines que poco tienen que ver con las viviendas de pescadores y campesinos. Muchas las levantaron los «americanos», como se conoce en Sitges a los vecinos que emigraron a América, sobre todo a Cuba y Puerto Rico, y volvieron con fortuna. Su historia empieza en el mar y en el vino.

Del vino al Atlántico

En la segunda mitad del siglo XVIII Sitges se abrió al mercado americano. Las viñas, sostenidas por muros de piedra seca, ocupaban casi toda la tierra cultivable, y la villa contaba con una flota y unos capitanes acostumbrados a las rutas largas: entre 1755 y 1799, según los datos recogidos por la Gran Enciclopèdia Catalana, barcos sitgetanos hicieron más de 150 viajes a Buenos Aires, a las Antillas y al golfo de México. El reglamento de libre comercio de 1778, aprobado bajo Carlos III, facilitó que los puertos catalanes comerciaran directamente con América, y la emigración se sumó al tráfico de mercancías. Lo contamos en el artículo sobre la tradición marinera de Sitges.

Cuba y Puerto Rico

La emigración sitgetana se concentró entre finales del siglo XVIII y mediados del XIX y creció a medida que el imperio perdía sus territorios continentales: Cuba y Puerto Rico, que seguían siendo españolas, se convirtieron en los destinos preferentes. El historiador Jordi Maluquer de Motes constató que la mayoría de los comerciantes catalanes establecidos en Cuba a mediados del XIX procedían del Garraf, en especial de Sitges y Sant Pere de Ribes.

Los que partían eran casi siempre jóvenes: dependientes, marineros, artesanos, algún profesional. Muchos empezaban trabajando en tiendas o casas comerciales de parientes o paisanos y, con los años, montaban su propio negocio. El caso más conocido es el de Facundo Bacardí Massó, nacido en Sitges, que llegó muy joven a Santiago de Cuba y en 1862 fundó con sus socios la empresa de ron que lleva su apellido (le dedicamos un artículo propio). No todos los destinos fueron comerciales: Josep de Miró Argenter, hermano del pintor Joaquim de Miró, emigró a Cuba en 1874 y llegó a general del ejército independentista cubano.

Conviene recordar también el lado oscuro de aquel comercio. La historiografía señala que parte de los negocios catalanes en Cuba estuvieron ligados a la trata de esclavos, incluso después de su prohibición formal, y que no todas las fortunas tuvieron un origen limpio.

El regreso: casas, industria y mecenazgo

Muchos volvieron y transformaron la villa. Según un estudio de Michèle Olsina, en el centro de Sitges se conservan unas noventa casas vinculadas a los americanos, 29 de ellas modernistas. Entre las más conocidas están la casa de Josep Carbonell i Mussons (1888), la de Manuel Planas i Carbonell (1908) y la de Bartomeu Carbonell i Mussons, la «casa del rellotge», proyectada por Ignasi Mas i Morell hacia 1913 en la calle Illa de Cuba, un nombre que lo dice todo. Las recorremos en las casas de los americanos.

El capital de vuelta no fue solo a la arquitectura. Según el Ajuntament, los retornados invirtieron en las industrias textil y del calzado, importantes en Sitges hasta los años sesenta del siglo XX. También aparecen como mecenas: el americano Bartomeu Blay pagó las puertas de la nueva Casa de la Vila, inaugurada en 1889. Y quisieron perpetuar su memoria en el cementerio de Sant Sebastià, donde sus panteones reúnen obras de escultores como Josep Llimona o Frederic Marès.

El fin de un ciclo

A finales del siglo XIX el ciclo se cerró. La llegada del ferrocarril en 1881 desvió el tráfico transatlántico hacia el puerto de Barcelona y acabó con la flota local, y la pérdida de Cuba y Puerto Rico en 1898 puso fin a la emigración a las islas y provocó muchos retornos. No todas las historias acabaron bien: hubo quien se arruinó, quien murió en América sin llegar a disfrutar de la casa que se había hecho construir y quien volvió a las islas porque su familia no quiso quedarse en Sitges.

Seguir su huella hoy

Los Museus de Sitges proponen, entre sus itinerarios guiados, una Ruta dels Americanos por las calles del centro y una ruta por el cementerio de Sant Sebastià dedicada a sus panteones. Por libre, basta con caminar por el centro con atención a fachadas, miradores y rejas. Encontrarás más ideas en la sección qué visitar en Sitges.

Aquellas casas recuerdan que la Sitges que hoy conocemos se construyó, en buena parte, con dinero ganado al otro lado del Atlántico.

Fuentes y lecturas

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