Personajes ilustres

Santiago Rusiñol y Sitges

Cómo Santiago Rusiñol descubrió Sitges en 1891, impulsó las Festes Modernistes entre 1892 y 1899 y legó a la villa su Cau Ferrat al morir en 1931.

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Retrato de Santiago Rusiñol dibujado por Ramon Casas hacia 1895
Santiago Rusiñol visto por Ramon Casas, hacia 1895 Foto: Ramon Casas · Dominio público · Wikimedia Commons

En el otoño de 1891 un pintor barcelonés de treinta años llegó a Sitges para pasar unas semanas pintando junto al mar. Se llamaba Santiago Rusiñol, y aquella estancia, que se alargó hasta enero de 1892, cambió tanto su vida como la historia cultural de la villa. Durante la década siguiente Rusiñol convirtió Sitges en un laboratorio del modernismo catalán: organizó fiestas artísticas que atrajeron a pintores, músicos y escritores, instaló aquí su casa-taller y acabó dejando a la villa su legado más personal.

Un pintor entre París y Barcelona

Rusiñol nació en Barcelona el 25 de febrero de 1861. Tras formarse como pintor, entre 1890 y 1892 vivió en París en el Moulin de la Galette, en Montmartre, junto a Ramon Casas y Miquel Utrillo. Desde allí enviaba a La Vanguardia unas crónicas ilustradas por Casas que en 1894 se publicaron como libro con el título Desde el Molino. Era ya un pintor, coleccionista y escritor atento a las novedades europeas, y buscaba un lugar donde trasladar ese espíritu a Cataluña.

El descubrimiento de Sitges

Según los Museus de Sitges, Rusiñol visitó la villa por primera vez en el otoño de 1891, animado en parte por la estancia reciente de su amigo Ramon Casas. No llegaba a un lugar vacío de pintores: desde finales de la década de 1870 trabajaban aquí los artistas de la llamada Escuela Luminista de Sitges, como Joan Roig i Soler y Arcadi Mas i Fondevila, que pintaban al aire libre las calles, las playas y la luz del pueblo. Rusiñol trabó amistad con ellos y se apoyó en ese ambiente para sus primeras iniciativas. En julio de 1893 compró una casa de pescadores junto al mar y poco después la vecina; de ahí nacería el Cau Ferrat, su casa-taller, cuya historia como edificio y museo merece capítulo aparte.

Las Festes Modernistes (1892–1899)

La aportación más recordada de Rusiñol a Sitges son las Festes Modernistes, cinco convocatorias celebradas entre 1892 y 1899 que querían acercar al público las corrientes artísticas más nuevas:

  • 1892. Una Exposición de Bellas Artes coincidiendo con la Festa Major de agosto, con la única condición de que las obras tuvieran Sitges como tema. Se considera la primera fiesta modernista.
  • 10 de septiembre de 1893. La segunda fiesta, considerada el verdadero estallido del modernismo: Rusiñol leyó un discurso con aire de manifiesto, se representó La intrusa de Maurice Maeterlinck y hubo un concierto dirigido por Enric Morera.
  • 4 de noviembre de 1894. Una procesión llevó por las calles dos cuadros de El Greco que Rusiñol había comprado en París hasta el Cau Ferrat, que se inauguraba ese día. Hubo también un certamen literario.
  • 14 de febrero de 1897. Una fiesta dedicada sobre todo a la música, en la que Rusiñol defendió la música moderna y se estrenó la ópera La fada, con libreto de Jaume Massó i Torrents y música de Enric Morera.
  • Agosto de 1899. La última fiesta, con obras teatrales, entre ellas L’alegria que passa de Rusiñol, y un recital de piano de Joaquim Nin.

Varias de estas veladas se celebraron en el teatro del Casino Prado, y en ellas participaron artistas e intelectuales de su círculo, desde Casas hasta el crítico Raimon Casellas.

Sitges en su obra

La villa entró también en la pintura y la literatura de Rusiñol. Entre sus obras simbolistas de 1894–1895 figuran cuadros titulados Sitges y El Cau Ferrat, y sus jardines, patios y rincones mediterráneos se convirtieron en motivos recurrentes. Como escritor alcanzó gran popularidad con obras como L’auca del senyor Esteve (1907), una sátira de la burguesía barcelonesa. Aunque con el tiempo pasó largas temporadas fuera, Sitges siguió siendo su refugio y el lugar donde reunía a sus amistades.

Muerte y legado

Rusiñol murió en Aranjuez el 13 de junio de 1931. En su testamento dejó el Cau Ferrat y sus colecciones a la villa de Sitges, que lo abrió como museo público en 1933. Gracias a aquella década de fiestas y encuentros, Sitges quedó vinculada para siempre al modernismo, y su ejemplo atrajo a otros artistas y mecenas, como cuentan los artículos sobre Ramon Casas y los artistas modernistas y sobre Miquel Utrillo y Maricel.

Hoy, pasear por el casco antiguo hasta la fachada blanca del Cau Ferrat, frente al mar, es la mejor manera de entender por qué un pintor de Barcelona eligió esta villa para cambiar el rumbo del arte catalán.

Fuentes y lecturas

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