Tradiciones y leyendas

Corpus Christi y las alfombras de flores de Sitges

Del primer registro en 1360 a los 300.000 claveles actuales: cómo nacieron y han evolucionado el Corpus de Sitges y sus alfombras de flores.

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Alfombra de flores del Corpus en una calle de Sitges
Alfombra de flores del Corpus Foto: Mike McBey · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

Durante una noche al año, las calles del casco antiguo de Sitges se convierten en un taller al aire libre. Vecinos, colles y entidades trabajan hasta la madrugada para que, el domingo por la mañana, el recorrido de la procesión aparezca cubierto de alfombras de claveles. El Corpus de Sitges tiene raíces medievales, pero las catifes de flors tal como hoy las conocemos son, en buena parte, una creación del siglo XX.

Una fiesta medieval

La fiesta del Corpus Christi fue instituida por el papa Urbano IV en 1264 y extendida a toda la Iglesia a principios del siglo XIV. En Cataluña arraigó pronto: en Barcelona se celebraba ya en 1320, y desde entonces se adornaban las calles con ramas y plantas al paso de la procesión. En Sitges, la primera noticia es una asignación económica para la fiesta registrada en 1360, según el inventario de patrimonio inmaterial del Penedès.

Del siglo XVII se conserva la documentación más antigua del recorrido de la procesión, que en gran parte sigue siendo el mismo. La organizaba la Confraria de la Minerva, que existió hasta 1972. A mediados del siglo XIX ya está documentada la estructura que reconocemos hoy: salida de gigantes la víspera (la primera referencia es de 1845), alfombras y procesión. En 1886 consta por primera vez en Sitges el ou com balla, el huevo que danza sobre el surtidor de una fuente adornada con flores.

De las puertas de casa a las calles

En origen, el adorno era doméstico: cada familia decoraba el tramo de calle delante de su casa y, según recoge el inventario de la Diputació de Barcelona, el rector se detenía en los altares que los vecinos montaban en las puertas. Con el tiempo, aquella costumbre dispersa se convirtió en un trabajo colectivo de grupos de amigos y entidades.

El giro decisivo llegó en el siglo XX. En 1918, por iniciativa de Miquel Utrillo, se celebró la primera Exposició Nacional de Clavells, una muestra de claveles que unió la fiesta con el cultivo de flores de la comarca. Tras cuatro ediciones más hubo un paréntesis hasta los años treinta. En los años veinte Sitges ya promocionaba el Corpus como reclamo turístico.

Guerra, posguerra y concurso

Durante la Segunda República se prohibieron las procesiones religiosas en la calle y, según el inventario del Penedès, durante un tiempo las alfombras se hicieron dentro de la iglesia. En 1939-1940 volvieron a la calle, y en 1942 nació el concurso de alfombras, que en 1949 llegó a reunir 139 participantes. En 1955 el Corpus fue declarado Fiesta de Interés Nacional Artístico y, en los años sesenta, de Interés Turístico.

El Foment del Turisme tuvo un papel clave en la organización y la difusión de la fiesta. Las fuentes difieren sobre cuándo empezó: el inventario del Penedès lo sitúa en los años cincuenta, mientras que la ficha de la Diputació habla de 1967, tras una etapa de poca participación, y señala que la entidad le dio un carácter más laico, centrado en la exposición y el concurso de alfombras. En 1965 se presentaron los Gegants Americanos, que tienen su lugar en el artículo sobre gigantes y figuras tradicionales.

El Corpus de hoy

Desde 1989, cuando el jueves de Corpus dejó de ser festivo, la celebración se traslada al fin de semana siguiente. En 2008 terminó la gestión del Foment del Turisme, en 2010 se celebró el último concurso y el Ayuntamiento recuperó la organización con una comisión. Hoy las alfombras se exhiben sin carácter competitivo. En ediciones recientes se han utilizado más de 300.000 claveles en una treintena de tramos de calle, combinados con otros materiales como café o cascarilla de arroz. La Exposició Nacional de Clavells sigue celebrándose, ahora en los jardines del Retiro, junto a una muestra de bonsáis iniciada en 1990.

Flores efímeras, tradición duradera

Las alfombras duran apenas unas horas: se pisan al paso de la procesión del domingo por la tarde. Esa fragilidad forma parte de su encanto y explica por qué cada edición empieza de cero, con diseños nuevos y la misma noche en vela. Detrás de cada tramo hay una cadena de transmisión entre generaciones que es, en realidad, lo que mantiene viva la fiesta.

Fuentes y lecturas

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